Beneficio del euro para la logística en Catalunya

Ramon Tremosa

Artículo de Ramon Tremosa para la revista Supply Chain

Sin la estabilidad monetaria y cambiaria que el euro ha facilitado no habría sido posible el ciclo económico expansivo de los últimos años en Catalunya, ni se habrían recibido tantas inversiones multinacionales ni nuestras PYMEs hubieran podido crecer, invertir y exportar como la han hecho.

Desde 2008 hasta 2014 la zona euro ha vivido dos crisis devastadoras, la de las subprime (2008-2010) y la crisis de deuda soberana, ésta especialmente intensa en el sur de Europa. Podemos hacer el ejercicio de imaginar cuáles habrían sido las consecuencias de no haber tenido el euro, especialmente en los últimos diez años.

Con la peseta y bajo la dirección del Banco de España, probablemente la inflación se habría disparado por encima de los dos dígitos de crecimiento anual y también, por tanto, los tipos de interés de la peseta habrían superado el 10% (eran en España del 15% en 1990): para mantener el poder adquisitivo del dinero los tipos de interés tienen que ser superiores a la inflación. Una alta inflación es equivalente a un gran impuesto a los más pobres y, si se produce durante unos cuantos años, se arruinan las clases populares y medias. También con la peseta la crisis de les cajas de ahorro, por su gran exposición al sector inmobiliario, probablemente se habría extendido al conjunto del sistema financiero español.

El BCE, en cambio, ha sabido mantener la inflación baja y ha conseguido generado estabilidad de precios. El euro ha sido una moneda fuerte en los mercados de divisas, lo que ha permitido absorber grandes incrementos de precios de materias primas sin generar inflación. El BCE también ha hecho frente con éxito a las especulaciones financieras: en 2012 Mario Draghi generó grandes pérdidas a los especuladores que apostaban contra el euro con su famoso whatever it takes. La política monetaria del euro, inspirada en la que seguía el Bundesbank alemán, es independiente de los gobiernos. Por primera vez en la historia, pues, en el sur de Europa una durísima crisis financiera y económica se ha podido afrontar con los beneficios que aporta una estabilidad monetaria y cambiaria como la que ha aportado el euro todos estos años.

En Catalunya los resultados del euro son evidentes y han contribuido desde 2013 a una clara mejora económica, favoreciendo los intercambios comerciales y las inversiones internacionales. El 1998 Catalunya exportó por valor de 32.000 M€ (equivalente al 23% del PIB catalán de 1998) y en 2018 ha exportado por valor de 71.000 M€, equivalente al 33% del PIB catalán de 2018, alcanzando máximos históricos (y eso sin contar todavía con el corredor mediterráneo).

El aeropuerto de Barcelona superó en 2018 los 50 millones de pasajeros (por 16 millones 1998 en y 27 millones en 2009) y ya es el sexto de Europa en tráfico, con un crecimiento del 10% anual en vuelos intercontinentales desde 2010. El puerto de Barcelona en 2018 alcanzó las 65 millones de toneladas y 3,5 millones de contenedores TEU (en 1998 fueron dichos tráficos de 24 i 1,1 millones respectivamente).

En inversiones internacionales Catalunya ya es uno de los principales países europeos receptores: en 2019 se contabilizaron unas 8.600 multinacionales, el doble que hace cinco años. Para el periódico más influyente de Europa, el Financial Times, Catalunya ha sido la mejor región europea del sur del continente para invertir en los años 2016 y 2018. Gracias a la internacionalización creciente de Catalunya, Barcelona ya figura en el Top-10 en muchos ránkings mundiales (la quinta mejor ciudad del mundo para The Spectator Index, del grupo de The Economist, el semanario económico más influyente del mundo).

La dependencia comercial de Catalunya con relación al mercado español ha pasado del 62% de 1999 al 36% de 2018, en paralelo al crecimiento que los mercados internacionales han supuesto para las exportaciones catalanas (Pol Antràs, Nota d’Economia, 104). Pau Albert Vilalta afirma que, para el período 2000-2016, Catalunya mantiene la cuota de exportaciones de bienes en el mundo y la mejora dentro de la UE: “Esto es excepcional atendiendo a la evolución del comercio mundial”.

No todo son miel sobre hojuelas en la UE: ni la gobernanza política del euro ni la unión bancaria se han completado (los países del norte de la UE bloquean el fondo de garantía de depósitos europeos). El euro ya no permite las devaluaciones con las cuales históricamente los países del sur de Europa recuperaban competitividad y ha hecho aflorar un choque cultural evidente con los países del norte, más eficientes y más acostumbrados a las devaluaciones internas (reducción de costes de producción vía incrementos de productividad, que permiten incrementos salariales). También el euro, si bien ha permitido convergencia económica entre países, ha generado divergencia entre regiones de un mismo país por falta de reformas, hecho que alimenta debates sobre su irreversibilidad. A pesar de todo, el balance es claramente positivo.

El euro es hoy la más tangible materialización de la integración europea. El euro es una realidad que tenemos cada día en el bolsillo y nos ha servido en los últimos años para demostrar que, monetariamente halando, la UE es más fuerte con una moneda única que no con monedas separadas. El euro ha asegurado un horizonte previsible y estable de prosperidad: la estabilidad de precios ha salvado los ahorros de las familias y ha dado confianza a las empresas para invertir a largo plazo. El euro ha proporcionado dos décadas seguidas de estabilidad de precios en países acostumbrados secularmente a largos períodos de elevadas inflaciones. Basada en esta confianza, las empresas han podido invertir y crear puestos de trabajo. Esta confianza y predictibilidad de los ahorradores y de los inversores son condiciones sin las cuales en un país no hay prosperidad.

El euro ha reforzado, salvaguardado y consolidado también el mercado común o mercado único (Single Market), el gran éxito europeo del siglo XX, que se ha convertido en un auténtico mecanismo de crecimiento económico sostenible para aumentar y mejorar nuestros estándares de vida y de desarrollo. En este sentido, por ejemplo, los países de la zona euro han aumentado significativamente su integración hasta un punto que no era imaginable antes de la moneda única: el comercio dentro de la UE equivalía en 1992 al 13% del PIB de la eurozona de aquel año y hoy dicho comercio equivale al 20% del PIB de 2018. Las cadenas de producción de muchos bienes están compartidas por todos los países del euro.

Hoy muchos retos son globales y sólo se pueden afrontar con garantías conjuntamente. En el caso de la moneda única, es esta unión la que ha permitido a países pequeños europeos desarrollar sus habilidades y potencialidades, haciendo más fácilmente posible el mantener su soberanía fiscal y financiera en un mundo de capitales globalizados. El euro es, por tanto, una historia de unidad (togetherness). El euro también ha sido la voz con la cual Europa, y más concretamente la eurozona, ha ayudado a reescribir la regulación financiera global después de la gran recesión.

Hoy en día la soberanía de un país es muy fácil de perder en unos mercados cada día más competitivos a nivel global y sólo hay que mirar los ejemplos de Turquía o Argentina. Una crisis financiera súbita como la de 2008 ha comportado crisis fiscales, financieras y económicas que se han traducido en escenarios de devaluaciones súbitas de las divisas de los dos países citados, del 30 al 50% del su valor, con episodios muy elevados de inflación y de tipos de interés del 20% al 35%. Cabe recordar que en España, entre 1988 y 1993, el gobierno ordenó al Banco de España (por aquel entonces dependiente del primero) a elevar los tipos de interés entre el 10% y el 15% anual, con el fin de financiar la deuda pública española con capitales extranjeros, generando fuertes oscilaciones de la peseta y causando graves pérdidas en las PIMEs, que desembocaron en la grave crisis económica (auto-inducida en buena parte) de 1993-1996.

Mario Draghi, en sus comparecencias en la comisión de Economía del Parlamento Europeo, no se cansaba de repetir y de poner en valor que el euro ya es una historia de éxito europea. La política monetaria europea ha pasado de estar basada en normas (rules-based) a estar basada en instituciones (institution-based). Ahora es el momento que la política fiscal europea siga también el mismo camino.

 

Ramon Tremosa i Balcells

Profesor de Economía en la UB y diputado en el Parlamento Europeo (2009-2019)